sábado, 30 de mayo de 2020

LA LIBRERÍA IDEAL



El modelo de Librería Ideal que pensamos en LibrArte es aquella que tiene vida política propia. Vida activa, despierta, en constante cambio, libre, justa, sensible y prudente, administrada por la inteligencia imaginativa, que haga de la valentía ciudadana, su virtud cardinal. Todo lo contrario a aquellos agentes con vida dormida y pasiva, que “les pasan inadvertidas las cosas que hacen despiertas, del mismo modo que no advierten cuantas cosas hacen mientras duermen” (Heráclito)
Vida política significa el carácter real, que da el gobierno propio. La autarquía: el poder de ser principio de uno mismo: deliberaciones, decisiones, actuaciones, en general, acciones ante causas externas.

Librería que enfrente y resuelva los asuntos de economía y de tecnología, para anticipar el porvenir del medio (y el soporte del medio) –la causa primera o material, el Libro-; en que se habrá de llevar a cabo el objeto de ella –la causa formal, la Lectura-; pero antes que todo, intervenga en el debate de la causa final del proceso: la lectura y la formación de lectores, el acceso al conocimiento, la palabra escrita, la comunidad política, la felicidad del Estado. 
Prudencia y valentía para no dejarse arrostrar por aquellos que en el mundo globalizado del “neoliberalismo”, marcan la agenda a la hora de hablar del futuro de la tecnología, porque entonces se invierten las partes y  la robótica, la cibernética y la informática adquieren patente de corso sobre un tema que es ante todo político, porque trata sobre la naturaleza mayor de la humanidad, que es la palabra.

Se soslaya que la forma en que se organizan las comunidades, es la que decide las políticas públicas que atañen a la educación y a la cultura, y en seguida a las estructuras de producción, el tipo y propósito de los algoritmos de lo que sea, y el comercio de sus productos. Que es el Estado el que determina la literatura y por ello de las librerías.
En la realeza florecerían librerías regias, en el Estado aristocrático nobles. Así sucede respectivamente para las librerías en las comunidades donde ordenan los principios de la plutocracia (acumulación de riqueza), democráticas (librerías para las mayorías pobres); y, si es posible hablar de librerías en las tiranías, serán aquellas que privilegien el fanatismo y el temor a la muerte.
En la república, en México, la Librería Ideal será republicana: “Ya que se dice y se sabe que las Librerías, más que vender libros, somos Centros Culturales: recintos para el encuentro entre autores y lectores, oráculos donde encontrar resoluciones a las dudas de cada uno y de todos, ventanas para asomarse a lo desconocido, puertas para abrir, espacios infantiles, diálogos con la historia, arcanos de poder, valladares contra el oscurantismo, barreras infranqueables, la última línea contra el despotismo de los gobernantes” (LibrArte 2016)

En el umbral de la Cuarta Transformación de México, definir a la Librería Ideal como “aquella que combate con el gusto por la lectura, los vicios del alcohol, las drogas y la violencia”, es comprender con prudencia e inteligencia, la naturaleza y el papel que ocupan las librerías. Quizás en los 80’s, habría que hablar de librerías que defenderían a la lectura como un perro; y en los 70’s, librerías que llevarían la lectura “arriba y adelante”, pasando por el tiempo en que  a las librerías “ni las ven ni las oyen”, hasta arribar al estado de grima nacional, cuando las librerías no puedan recomendar ni tres libros que han marcado su vida.

La Librería Ideal debe ser una empresa en revolución, en resistencia, donde brille el oficio del librero. Que anteponga la Autoridad del fomento a la lectura, sobre el principio comercial de la máxima ganancia. Librerías que escuchen y aprendan: entonces los espacios interiores, la razón social o comercial, los pasillos amplios, la atención a los clientes con discapacidades físicas, los colores, la altura de los establecimientos, la exhibición de los libros y otros objetos relacionados con la lectura, la rotación de inventarios, la organización, administración, siendo capitales, no son principales.

Mejor parafraseo a Don Luis Mejía, para describir físicamente que la Librería Ideal no se reduzca a un simple expendio de libros al por mayor, para “convertirse en una grata y fecunda síntesis de biblioteca, tertuliadero y galería de arte”. Librerías donde adquirir un libro no sea, “simplemente, un helado intercambio de monedas por letras de molde. Sino, muy por el contrario, un lugar donde la inteligencia, en sus variados frentes, sea algo vivo... Algo, en fin, que dignifique a la ciudad y al individuo...”

Sin olvidar, por un instante que "en el tiempo actual, y así lo señalan los datos, la librería es más de libreras que de libreros. Tiene, por lo tanto, rostro de mujer” (Marcial Pons)




No hay comentarios:

Publicar un comentario

MAURICIO ACHAR

  FALLECIÓ EL CREADOR DE LAS LIBRERÍAS GANDHI, MAURICIO ACHAR Su concepto integral revolucionó la librería tradicional. Tenía que estar ce...